

Fotos: Nando Torrens
Redacción.- Con el título de Pintura corriente, el Ayuntamiento de Alcañiz presenta por vez primera en su sala de exposiciones la obra de Enrique Larroy (Zaragoza, 1954). El color, la forma, la geometría, el azar, el tiempo y el espacio son los engranajes principales.
El propósito de esta exposición organizada por el Museo de Teruel con la colaboración del Ayuntamiento de Alcañiz, es abordar la pintura en su poética misma: se trata de posar la mirada en la superficie del cuadro para así poder aproximarnos al acto de pintar, con el deseo de comprender desde el análisis crítico, y por supuesto desde la soberana intuición, los mecanismos puestos en práctica por el pintor para permitirnos ver. La pintura entonces hace acto de presencia, dirigiendo la mirada de quien la contempla hacia ámbitos insospechados, arrumbando certezas y propiciando desvíos impredecibles en las huellas de la acción de quien la ejecuta.
Desde sus inicios, la pintura de Larroy responde a un complejo mecanismo perceptivo de carácter procesual, en el que son fundamentales las relaciones espacio-temporales [asideros de fluctuaciones y derivas, y escenarios de la simultaneidad de acontecimientos o paisajes de imprevisibilidad que descubren la transitoriedad y fugacidad de las cosas], la práctica de las más diversas y dispares estrategias picturales [superposiciones argumentales, sedimentaciones, yuxtaposiciones, alteraciones, distorsiones, tensiones visuales, intersecciones...] y el protagonismo del color, la geometría y el azar, elementos determinantes en el devenir de una cartografía de arquitecturas ilusorias que precisa fijar sus límites en un territorio al que sin embargo acaba siendo ajena, toda vez que la pintura impone sus reglas sobre la realidad supuestamente conocida. Y todo enredado en la pulsión de juegos ópticos y paradojas que en las últimas pinturas descubren su lado más oscuro en un tiempo excitado.
© BADigital - 2009.