

Este fin de semana, grupos de recreación han llenado las calles de Alcañiz, rememorando el bicentenario de la Ballatalla de Alcañiz, gesta heroica que salvó a la ciudad del control francés.
No fue una batalla decisiva, pero sí tuvo un enorme valor emblemático, pues a mediados de 1809 interrumpió el rosario de victorias francesas que siguieron a la entrada en liza del propio Emperador, despechado por la humillación de Bailén. Tras las derrotas hispanobritánicas en Galicia, Cataluña y Aragón -incluida la caída de Zaragoza al cabo de su segundo sitio- nada indicaba que la aparentemente débil defensa en línea desplegada por el ejército de Joaquín Blake pudiera resistir el embate de la avezada columna del mariscal Suchet . Sin embargo un grupo de artilleros dirigidos por el brigadier García Loigorri dieron la vuelta al lance desde el cerro de Los Pueyos.
El propio general español, de origen irlandés, dejó constancia para la posteridad de lo ocurrido cuando más de 2.000 franceses se lanzaron en tromba hacia esa posición: «Toda su furia vino a estrellarse en la roca impenetrable que le opuso nuestra artillería.Seguramente que si los oficiales que la servían no hubiesen conservado la increíble serenidad y valor para esperar al enemigo, no haciéndole fuego de metralla hasta que casi tocaban las bocas de los cañones, quizás hubiesen logrado romper la línea».
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